jueves, 4 de abril de 2013

Patio de los azulejos



Existe una leyenda que se generó en la antigua Casa de los Azulejos. La Casa de los Azulejos, como muchas de las casas religiosas, después de la Reforma, funcionaron como vecindades. La historia dice que un viejo abogado, vivió en una de las habitaciones del segundo de la legendaria casa y por la noche que llegaba, encontraba sentado al pie de la escalera a un anciano que rezaba con un rosario en las manos. La costumbre de verlos todas las noches hizo que nuestro abogado y en el otro vecino, naciera un trato amistoso que los llevó a conocerse mejor y entablar largas charlas en la casi deshabitada vecindad; en esas platicas supo que su amigo era sacerdote.


Así transcurrió el tiempo, cuando un buen día se presentaron dos monjas para solicitar limosna en la vecindad y llegaron con nuestro amigo el abogado, en la platica les dijo que en esa vecindad vivía un sacerdote que tal vez conocían. Las monjas se miraron extrañadas y le preguntaron por el nombre del padre; al oírlo, no pudieron ocultar su asombro ni su admiración al hacer la obligada seña de persignarse.

Inmediatamente el abogado les preguntó que si lo conocían y le contestaron que por la historia del antiguo convento, habían escuchado que un sacerdote se aparecía rezando precisamente en esa vecindad todas las noches con su rosario en la mano.

El abogado al comprender que su amigo no era un ser de este mundo, no soportó la impresión y mejor se cambió de vecindad antes de investigar más acerca del misterioso hombre. Esto ocurrió en la Casa de los Azulejos.

Casa de los Muñecos



El regidor Don Agustín de Ovando y Villavicencio, construyó en la calle primera de Mercaderes, una casa con 15 tableros de figuras grotescas en azulejo, popularmente conocida como: “La Casa de los Muñecos”.

La leyenda narra que aproximadamente en el año de 1792, el regidor de Ovando y Villavicencio se le ocurrió construir una casa de 3 niveles, de mayor altura que el Palacio Municipal; lo que provocó que los miembros del ayuntamiento, pararan las obras de la construcción porque ninguna obra debería de ser de mayor altura que el Palacio Municipal; sin embargo, Don Agustín movió sus influencias recibiendo la autorización de las autoridades españolas, por lo que sin el permiso y aún en contra de la voluntad de las autoridades del Ayuntamiento poblano, la obra se concluyó.

Este conflicto provocó que Don Agustín de Ovando y Villavicencio, mandara a colocar los tableros de la mayólica con las imágenes de manera irónica representan a cada uno de los miembros del cabildo poblano que apoyaron la detención de la obra.

Los 3 primeros representan a un cazador como afición de uno de los concejales llamado Don Ignacio María Victoria Salazar; el cuarto representa al personaje con un garrote al hombro y la gente dice que lo describe como un tirano y dictado, características de Don Ignacio Romero González. El siguiente en su característica de médico, lo ridiculiza con una serpiente en la mano dando a entender que era un médico que curaba con remedios extraños como culebras y correspondía a las señas de don Miguel de Santibás y Cotarroja; el siguiente lo describe como un Santón e hipócrita, refiriéndose a Don Manuel Enciso y Texada; otro más lo representa con rasgos indígenas; indiscutiblemente era Don José Bernardo Azpíroz. Uno más, tiene un cuerno de la abundancia en la mano, considerándolo un avaro ricachón, así era Don Joaquín de José Hidalgo de Vergara. Dos de los tableros representan a un hombre, José Manuel de Brumage, cargando un animal, trata de decir que él era más animal que los animales; a Don Ignacio López Ailán, lo representa como un médico, pero está desnudo, quizá lo describió como un pelado (pobre); otro Don Manuel Gutiérrez de Salas, está en sentido de pensador, siendo éste, terco y de duro entendimiento. Otro más, a Don Esteban Mimuera, lo representa fortachón con un niño en brazos expresando que a pesar de su fortaleza lo mandaba su mujer; este personaje era militar y le dedica dos cuadros. A Don Tomás Garcés lo representa en su imagen como mago o adivino y a el último, Don Francisco Pérez, lo retrata deforme de cuerpo y cargado un mono.

El edificio pasó en propiedad de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en donde se instaló la pinacoteca universitaria. En el sismo de 1997, resulto dañado el edificio, cerrándose al público. Después de una larga espera, el museo reabrió sus puertas, ofreciendo un servicio de excelente calidad, con salas de alto nivel museográfico en noviembre del 2006.


Chiles en Nogada



Este delicioso platillo tiene su origen en la historia de México durante la llegada a la ciudad de Puebla del General Agustín de Iturbide. Agustín de Iturbide, militar realista, mediante el Plan de Iguala impreso en Puebla, unió al ejército realista con el ejercito insurgente de Vicente Guerrero, con el fin de proclamar la Independencia de México. Al ejercito formado por esta unión se le llamo Ejército Trigarante o de las tres garantías. Iturbide fue el mismo general que firmó los Tratados de Córdoba en los que el último virrey de la Nueva España Don Juan de O’Donojú aceptaba la independencia de México. 

Cuenta la historia que de regreso de Córdoba pasó por Puebla y decidió festejar su santo en nuestra ciudad; era precisamente el día 28 de agosto de 1821 (día que se celebra a San Agustín), y las monjas agustinas quisieron festejarlo con un platillo que llevara los colores de la bandera del ejército Trigarante, por, supuesto, de la naciente bandera nacional.

El barroquísimo platillo salió del convento de Santa Mónica y fueron los famosísimos chiles en nogada. Este platillo tiene la característica de llevar los colores verde, blanco y rojo.

Lo espectacular es que los ingredientes fueron seleccionados entre los productos de cada una de las regiones de nuestro estado: los chiles de San Martin Texmelucan, carne molida de Cholula, manzanas de Zacatlán, granada de Tehuacán, nueces de San Andrés Calpan, peras del convento del Carmen de Puebla, duraznos de Huejotzingo, queso de Tlatlauqui, Zacapoaxtla o Teziutlán, piñones de Libres o de Oriental, perejil de Atlixco, huevos de Tepeaca, Amozoc o Acajete y el plato donde se colocó fue de talavera poblana, y la sazón por supuesto de San Pascual Bailón.

Iturbide quedo encantado con tan delicioso platillo y desde entonces en Puebla, los chiles en nogada forman parte de nuestra gastronomía. 




Gutierre de Cetina



Gutierre de Cetina nació en Sevilla, en el seno de una familia noble y acomodada; Murió en 1557 y para estas fechas ya era uno de los poetas más afamados en España. De los 330 poemas que integran la antología “Flores de Varias Poesías” que existe en la Biblioteca Nacional de Madrid, España, recopilado en México, 78 de ellas son de Gutierre de Cetina. Frente al templo de Santo Domingo de Guzmán, aún se oyen los ecos del hermoso poema:

Ojos claros, serenos.
Si de un dulce mirar sois alabados,
¿Por qué si me miráis, miráis airados?
Si cuando más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira.
No me miréis con ira,
Para que no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos.
Ya que así me miráis, miradme al menos.

En la primavera de 1554, el famoso poeta español es herido mortalmente de manera artera, por Hernando de Nava, hijo de Catalina Rascón, llamada la Rascona; una mujer viuda e influyente. Se cuenta que en una ocasión, Gutierre de Cetina estando en la capital poblana frente al templo de Santo Domingo, acude acompañado de algunos amigos a darle serenata a una dama de nombre Leonor de Osma, mujer casquivana que a pesar de ser casada con el Dr. De la Torre, aceptaba los galanteos de cuanto caballero se acercara, y uno de esos galanes era Hernando de Nava; quien al igual que los amigos de Gutierre de Cetina en esa misma ocasión coincidieron en la serenata.


Como era de esperarse, Nava al llegar al balcón de su amada y encontrarse con los desconocidos se molesta y arremete contra Gutierre de Cetina, hiriéndolo de muerte. Hernando se refugia en la torre del templo y logra escapar vestido de fraile; sin embargo, es capturado y condenado a pena de muerte porque a causa de las heridas recibidas en la riña Gutierre de Cetina fallece. Gracias a las influencias de la Rascona, madre de Hernando de Nava, su hijo es sometido a la pena de cortarle la mano con la cual cometió el delito y más tarde es indultado al igual que su amigo.



Mole Poblano



En el convento de Santa Rosa se vivía una inusitada emoción, pues el virrey visitaba la ciudad de Puebla. De todos los conventos le envidiaban los mas deliciosos platillos y solamente faltaba el platillo del convento de Santa Rosa. Las monjas ponían su confianza en Sor Andrea de la Asunción, pero a ella no se le ocurría nada.de repente como inspirada por algo divino, comenzó a reunir los ingredientes incluyendo un pavo que previamente estuvo alimentado con nueces, castañas y avellanas. Una vez fritos los chiles y preparado los demás ingredientes, los vacio al metate y con fervorosa fe, orando a todos los santos y santas, pero sobre todo a San Juan Bailón, patrono de los cocineros, comenzó a moler y moler. Todas las monjas rezaban: ¡San Pascual Bailón, yo pongo el trabajo y tú la sazón! En esto estaba Sor Andrea de la Asunción, cuando una monja que veía su habilidad en la molienda dijo:


- ¡Qué bien mole, su reverencia! A lo que corrigieron las demás monjas que ayudaban en la cocina:

-¡Muele, hermana, qué bien muele! Sin embargo la hermana Sor Martha, había encontrado el nombre para tan excelente guisado; además de que la palabra mole en náhuatl significa salsa o guisado.

Cuando el platillo llegó al virrey y pudo impresionar su paladar, solicitó que le enviaran del convento de Santa Rosa, más de tan exquisito manjar.





lunes, 1 de abril de 2013

Beato Sebastián de Aparicio



El beato Sebastián de Aparicio, aunque aún no alcanza el grado de santidad, es un personaje que ha realizado cientos de milagros a favor de sus seguidores. Te espera en el Convento de San Francisco de Asís en la ciudad de Puebla, para favorecerte con su intersección ante el padre eterno  y poder mediante tu fe, superar la beatitud y alcanzar el grado de santidad. En la capilla donde se encuentra el cuerpo incorrupto del Beato, hay dos libros, uno de peticiones y otro de agradecimientos; esto con la finalidad de justificar el milagro que le pueda otorgar la canonización o santidad

Sebastián de Aparicio, nace en Gudiña España en 1502. A los doce años se contagia de la peste bubónica y los padres se ven obligados a esconder a su hijo en lo profundo de un bosque, por temor a que la gente les pida que lo sacrifiquen para que la epidemia no se extienda en la aldea. Los padres acuden todos los días al bosque para alimentar a su hijo, hasta que un día ocurre un hecho milagroso que posteriormente narraría el pequeño Sebastián. El jovencito contó a sus padres, que una loba llegó hasta su albergue y comenzó a lamerle las llagas del cuerpo y que milagrosamente al otro día el chiquillo estaba totalmente curado, así fue como lo encontró la familia.

A adulto, se compromete a trabajar muy duro para juntar dinero y dar a sus hermanas una dote para poder casarse. Cumplido su objetivo, decide viajar a la Nueva España. Estando acá, se dedica a la agricultura logrando un buen capital, pero cuando ve el maltrato de los tamemes (cargadores indígenas) decide dedicarse a transportar las mercancías en carretas tiradas por bueyes.

A él se debe la creación de los primeros caminos de Guanajuato a Zacatecas; con dicha profesión se volvió muy rico. Se casó, pero nunca tuvo hijos, ya muy anciano enviudó y contrae segundas nupcias con una jovencita a la que acepta más que todo su protección. A la muerte de su segunda esposa, decide regalar toda su fortuna a los pobres e ingresa a la orden franciscana como hermano lego; es decir, solamente entra a servir a la orden y cumple con la regla franciscana, pero nunca se ordenó como monje franciscano. Sirvió en los conventos de Texcoco, Tecamachalco, Tecali y por ultimo ingresó al servicio del convento de las llagas de San Francisco de Asís  de Puebla. Se le asigna el puesto más humilde de la orden que es el de hermano limosnero, el encargado de recoger los barrios para solicitar la caridad de los vecinos, quienes le obsequiaban pan, frutas, verduras y en fin, todo lo que su caridad les permitía; pero como el corazón del hermano Sebastián era muy noble, de regreso al convento iba regalando a los pobres lo que había colectado y llegaba al convento con la canasta com-ple-ta-men-te-llena. ¿Cómo? Se preguntaban ustedes. Tenía el don de la multiplicación de los alimentos, pero los dones con los que fue favorecido nuestro personaje habían comenzado desde tiempo atrás. Se dice que el beato Sebastián de Aparicio tenía el don de la ubicuidad, es decir, se aparecía en varias partes a la vez, principalmente en los caminos para favorecer  los carreteros que se hallaban en problemas. Tal era el éxtasis en las oraciones del beato que se elevaba por los aires levitando   
Cuando el beato Sebastián murió, infinidad de gente llegó a su velación en agradecimiento de los favores que recibieron de tan generosa persona. La fecha en que fue recibido en el cielo fue el 25 de febrero de 1600 a la edad de 98 años. El 19 de julio de 1600 habiendo transcurrido cinco meses de su fallecimiento, Fray Buenaventura Paredes, el padre superior de la orden franciscana, ordenó su exhumación a Fray Pedro Castañeda,  guardián de la orden seráfica en Puebla. Cuando se realizo la exhumación a Fray Pedro, con admiración se descubrió que el cuerpo estaba incorrupto, como si hubiera muerto unas horas antes. Dos años después, se llevo a cabo una segunda exhumación encontrando el cuerpo en situaciones semejantes a la anterior. El Rey Felipe III, ordenó al obispo Diego Romano trasladar el cuerpo de una fosa a otra y el 4 de mayo de 1604 dio fe de las cosas extraordinarias que sucedieron ahí. Actualmente se encuentra en un féretro de plata construido con todos los milagros que le han otorgado y sólo espera un  milagro para ser santificado. El Beato Sebastián de Aparicio te espera en su capilla en el convento de las Llagas de San Francisco en donde se encuentra expuesta la mayor de las reliquias del Relicario de de América, en la Ciudad de Puebla de los Ángeles.
 



jueves, 21 de marzo de 2013

La capilla franciscana (centro comercial paseo san francisco).



El valle había sido un lugar tranquilo. Desde lo alto podían verse los bosques de los alrededores, los ríos, la hierba creciendo junto a pequeños lagos. A lo lejos los volcanes habían entrado en erupción una y otra vez a lo largo de mil años, hasta que llegaron los primeros pobladores.

De tez morena, desnudos y con armas de madera, hueso y obsidiana fundaron su asentamiento junto al rio. Pescaban, cazaban, recogían frutas y sembraron el maíz que los sustentó algunos años, en los cuales cortaron muchos árboles para hacer leña y calentarse, hasta que llegaron los otros.

Un día un pequeño llevaba una cesta con maíz a la casa cuando vio muchos hombres corriendo hacia el pueblo. Soltó su canasta y trato de dar la alarma, pero varias flechas lo atravesaron antes de lograr llegar. Los atacantes en una orgía de sangre y violencia, saquearon y quemaron el pueblo. Los cuerpos, la madera de las chozas, sus pieles para curtir, todo lo que ellos tenían sirvió para abono de una tierra que no a volvió conocer la presencia de hombres durante mucho tiempo. los árboles volvieron a crecer, los pájaros regresaron, y la hierba cubría la tierra muchos años hasta la llegada de nuevos pobladores.

Hombres blancos, barbados y con extraños animales llegaron al río para tomar agua. Era abril y el calor les estaba asfixiando debido a sus pesados hábitos, y armaduras de metal que reflejaban la luz a muchas leguas de distancia. Discutían vehemente y parecía que querían tomar una decisión importante.

Finalmente los hombres vestidos con gruesos hábitos, descalzos y de mayor edad se  impusieron a los hombres de a caballo. Se ordenó cruzar el río en su parte más baja y remontaron el cerro que le seguiría hasta llegar a lo más alto.

Uno de ellos se quejó diciendo que el otro lado del río se veía mejor.
           
            Nadie le respondió.

Finalmente llegaron al alto. Cerca de los ríos Alseseca y Almoloya (llamado después de san francisco) nunca padecerían falta de agua, el alto nunca se inundaría por las lluvias torrenciales que azotaban la región. No estarían en el territorio de los tlaxcaltecas, leales súbditos del rey de España a los que había que dejar en paz.

Ese día comenzaron a construir la capilla. Trajeron piedras del río y del cerro cercano, cortaron árboles y con la madera hicieron sillas, ornamentos y obra negra. El techo lo construyeron con paja, y lo  terminaron cuando las primeras lluvias hicieron su aparición.

Fue hasta ese momento que se reveló la falla fundamental del lugar donde se encontraban. Para empezar, el alto no es la parte más alta del valle. el agua fluía de los cerros cercanos a gran velocidad destruyendo las casas, arrojando personas y propiedades al río. Cuando dejó de llover descubrieron como el agua tendía a estancarse en las depresiones del terreno. Este hecho suscitó la protesta y el reclamo, las voces de los airados se escucharon.

             -Queremos indios en encomienda.

             -Este lugar es inhabitable.

             -Estoy harto.
 
             -Yo también.

Los hombres descalzos y de pesados hábitos los veían entristecidos y sólo se atrevieron a bendecirlos  con una frase.
 -¡Vaya con dios!

Las chozas quedaron desiertas, y la capilla fue abandonada, y de nuevo los animales salvajes y la hierba se apoderaron del terreno.

Sin embargo el valle nunca volvería a conocer la paz que da la ausencia del hombre. Al año siguiente ellos regresaron, y esta vez se hablaba de seis mil hombres. Los líderes se reunieron en la capilla franciscana abandonada, para discurrir donde se volvería a fundar la ciudad. Discutieron también sobre los hombres morenos que los acompañaban. Los hombres de espadas y caballo querían a los indios para trabajar con ellos. los doce franciscanos se negaban.

-Santos paternidades, no podéis retenernos aquí sin indios. ¿Quién levantará nuestra ciudad sino son ellos? ¿Quién construirá las casas? dadme por lo menos 100 y yo prometo darles la educación que nuestra fe demanda~ dijo el hombre de a caballo.

-No tendréis más indios que los que necesitéis para construir vuestra casa- todo lo demás dependerá de vuestra buena suerte, trabajo y de dios- respondió el franciscano.

-debemos vivir todos juntos~ le respondió don Hernando de Helgueta.
-de acuerdo, pero vos construiréis vuestra propia casa
-voto a...
-no blasfeméis~ contesto Motolinia más molesto aún.

La discusión se prolongó toda la tarde y la mañana del día siguiente. Finalmente se llegó a un acuerdo. Los españoles cruzaron el río que luego llamarían de san francisco y fundaron su ciudad en el territorio de Tlaxcala apoyados por la autoridad del virrey. Eran 81 hombres españoles, 19 mujeres españolas y cinco mujeres indígenas. Marina muñoz era un caso especial traía a cuatro niños pequeños con ella.

Al llegar a lo que sería el centro comenzó la división de la ciudad. se delinearon las calles formando 420 manzanas regulares( 295 para casas y 125 para huertas, quintas y sembradíos) en total. La ciudad tenía una inclinación natural hacia el río san francisco aprovechando un desagüe perfecto puesto por la naturaleza, además con inclinación al este se evitaban los perversos efectos de los vientos dominantes del norte. Esta inclinación hacía a la ciudad más fresca en todas las estaciones, resguardando las aceras de los rayos directos del sol, especialmente en verano.

En septiembre volvió a llover y la ciudad se inundó de nuevo. Pero esta vez estaban preparados y excavaron zanjar longitudinales en las calles que van del este a oeste hacia el río san francisco, cuando se unieron las zanjas, el agua fluyó y las calles se quedaron secas para regocijo de todos.

En el alto los franciscanos aprendieron de sus  experiencias anteriores y construyeron sus propias caños. Abrieron uno enormes con ayuda de los indios, hacia el río Alseseca o Xonaca en idioma de los naturales. A pesar de la oposición de los pobladores españoles, los frailes estaban empeñados en que la ciudad debería quedarse en el lado oriente del río san francisco. Hasta que un terrible incendio se inició en su capilla.

Nadie supo si comenzó en el bosque de sabino cercanos, o sin manos criminales que iniciaron. Los frailes prefirieron pensar que Dios les enviaba un mensaje y  optaron por retirarse más al norte, a fundar lo que se conocería después como el Convento de San Francisco.

De la capilla solo quedaron las piedras que la hojarasca enterró al paso del tiempo. Ahora seria de buen toco creer que la cuidad  nació en el portal de Iturbide, cerca de la Catedral  y los imponentes edificios de piedra que los conquistadores construirían, después en lugar de su verdadero principio en la parte indígena de la cuidad.

Muchos años después en un proyecto de rescate arqueológico se descubrieron los restos arqueológicos de una capilla cerca del rio de San Francisco. Lo único que pareció revelar su identidad fue una piedra, tal vez para apuntalar la entrada, que tenía una rosa grabada, flor símbolo de la orden franciscana.